EL VALOR DEL AGUA

El 71% de la superficie de la Tierra está ocupada por agua. Sin embargo, del total de agua existente en el planeta, los mares y océanos contienen el 97,4%. Esto significa que a pesar de la abundancia de este elemento natural, sólo el 0.8% de su volumen es aprovechable por la humanidad para su consumo. Ya se sabe que el agua de mar no es apta para ser ingerida y que para que ello sea posible hace falta un complejo y costoso procedimiento –la desalinización- que no será implementado en gran escala en el corto plazo.
El agua que tomamos proviene de las reservas naturales de agua dulce, como son los ríos y lagos, las fuentes subterráneas y las reservas artificiales de diques y azudes. Llega a los domicilios luego de un proceso de potabilización que asegura su calidad y aptitud para el consumo.
Cabe decir, entonces, que el agua es un elemento natural abundante, pero que el agua apta para el consumo humano es un elemento escaso. Se renueva en la medida que se renueva el ciclo natural que le da origen, pero mientras las fuentes naturales mantienen esta condición, la población mundial –es decir, la demanda- va creciendo de forma ininterrumpida. Esta situación se agrava con la contaminación que se produce en las fuentes de agua dulce, lo que hace prever un futuro inquietante: especialistas en la cuestión hídrica de todo el mundo coinciden en señalar que la disponibilidad y eventual escasez de agua apta para el consumo humano es uno de los grandes desafíos que debe afrontar la humanidad en el presente milenio.

Argentina y Córdoba

Nuestro país presenta una realidad hídrica multifacética, tanto como la amplia geografía que posee y donde conviven los más diversos climas y topografías, desde las regiones desérticas hasta las subtropicales. Y aunque posee abundantes fuentes de agua dulce, tanto naturales como artificiales, es justamente esa extensión geográfica la que conspira para que el abastecimiento sea eficiente y uniforme. La provincia de Córdoba, por su parte, bien puede ejemplificar esta situación, ya que se ubica en el límite entre la pampa húmeda del sudeste y las regiones secas del noroeste. La zona sudeste posee un abastecimiento suficiente, aunque tiene serios problemas de contaminación de sus fuentes naturales. La zona noroeste, por su parte, presenta un marcado déficit pluvial debido a su condición semidesértica. Tanto el agua superficial como el agua subterránea aprovechable evidencian altos grados de contaminación, lo que obliga a su tratamiento potabilizador. Esta contaminación se produce en general por causas naturales (por ejemplo el arrastre de sedimentos que la lluvia provoca hacia los ríos luego de los incendios) y por causas atribuibles al hombre: basurales a cielo abierto, depósitos de residuos en lugares inadecuados y desagües cloacales e industriales que van directamente a fuentes naturales y napas subterráneas. En general, y a pesar de sus abundantes ríos, arroyos y diques, Córdoba se ubica entre las provincias más pobres en cuanto a recursos hídricos, si se mide por la cantidad de metros cúbicos que se extraen: aporta sólo el 0,5% del total nacional.

Planificación, control y conciencia

Ante esta realidad, desde antaño las sucesivas administraciones provinciales procuraron promover la construcción de fuentes artificiales de agua. Desde la creación de la Dirección Provincial de Hidráulica, bajo el gobierno de Amadeo Sabattini, hasta la reciente construcción de azudes niveladores en la zona pampeana cordobesa, destinados a evitar inundaciones, bajo el gobierno del Dr. José Manuel de la Sota, el tema del agua ha estado presente entre los principales objetivos comunitarios. En los últimos años, los enterramientos sanitarios de basura, los proyectos de saneamiento del lago San Roque y la propia creación del ERSeP se han inscripto entre las medidas progresistas destinadas a asumir integralmente la problemática del agua. No obstante, ninguna medida de gobierno podrá tener la efectividad deseada si no se acompaña con la concientización generalizada sobre el problema: el agua apta para el consumo humano es escasa y su potabilización y provisión –en particular a comunidades alejadas de los grandes centros urbanos- es compleja y costosa. En consecuencia, es necesario eliminar sus factores de contaminación y a la vez darle un uso racional, evitando el derroche.